Loading...
About 2017-05-19T19:09:41+00:00

Cada día veo con más claridad que cada cosa llega en su debido momento. Estando en la universidad una compañera de clase me sugirió tomar clases de yoga y mi respuesta fue aplastante “Estoy segura que el yoga a mi más que relajarme me estresaría aún más”. Tendrían que pasar todavía varios años y muchas experiencias para que mi mente expandiera un poco más su horizontes y considerara darle una oportunidad a lo ser Yogi.

Las ganas de probar mi primera clase de yoga llegaron sin la recomendación o el ánimo de una amiga, yo misma tuve que forzarme a hacer algo que me ayudara a aprender a estar conmigo misma, algo que me ayudara a dedicarme ciertos minutos al cuidado de mi misma y así entender cómo se sentía complacerme en lugar de estar complaciendo a cada momento a otras personas olvidándome de mi ser.

La decisión de elegir un estudio de yoga al que ir a practicar me vino mientras vivía en una ciudad tan estresante como Bogotá. Pasé de uno de los mejores veranos de mi vida con mi familia en España a volver de vuelta a mi vida en Colombia y quedarme sin trabajo, sin mi rutina y sin mi zona de confort (la cual ni siquiera me confortaba) de un día para otro. Me encontré en una ciudad en la que no me gustaba el estilo de vida que llevaba, sin nada que hacer. El gimnasio al cual iba también por inercia, ya sabes por hacer algo, quedaba cerca a mi ex oficina, es decir a unos cuantos minutos interminables e innecesarios de atascos diarios, así que decidí que fuera lo que fuera que iba a hacer tendría que estar al alcance de mis patitas. Se me vinieron dos cosas a la cabeza, una fue el yoga y lo otro claro está siendo española viviendo en Colombia, clases de salsa. Puede que lo de la salsa me llamara un poco más la atención pero fui completamente fiel a mi condición de poder llegar caminando al lugar que permitiera ejercitar mi cuerpo y lo único que quedaba a unos 15 minutos de paseo fue un estudio de Hot Yoga.

Cada cosa llega en su momento y lugar. Ya no era la estudiante de universidad que estaba cerrada a la idea de practicar yoga y entendí que a lo mejor dándome una oportunidad podría aprender a llevar mejor el estrés que sentía en ese momento en el que estaba sin trabajo. No obstante, lo del yoga a más de 40 grados no me convencía y aún y todo, dejé mis prejuicios a un lado y acudí durante seis días seguidos para poder aprovechar al máximo mi semana de introducción. Algo cambió en mí, no drásticamente, pero si hubo algo que en su momento no supe identificar pero que me hizo volver día tras días durante cuatro veces a la semana. Hoy puedo ver que lo que hizo que me quedara enganchada al yoga fue la liberación mental que siento en cada clase, me muevo sintiendo mi cuerpo en cada postura. La experiencia de poder aislar todo el barullo generado por mi mente para poder escuchar únicamente el poder de mi respiración retumbando en mi mente es la experiencia más liberadora que existe para mi y por la cual sé que seré Yogi por siempre.

Muchas cosas cambiaron en el transcurso de mi primer año como Yogi. Me di la oportunidad de escucharme y lo más importante, permití que mi verdadera yo, mi esencia saliera a la luz. En menos de un año me certifiqué como profesora y fue aquí donde encontré a esa persona que estaba dentro de mi con la que por fin me identificaba.

Mi pasión por el yoga despertó en mi las ganas de poder compartir mi historia con el mundo para poder inspirar y animar a otras personas a iniciar su camino como Yogis. Guiar a las personas a través de su practica de yoga, ayudarles a que escuchen su cuerpo y proporcionales ciertos minutos de liberación durante las clases, es lo que lleva poniendo desde hace varios años una sonrisa cada día en mi corazón. Hoy por primera vez siento que quiero más de la vida que tengo ahora en lugar de querer cambiarla, ya no estoy esperando a que lo mejor está todavía por llegar. Es por ello que Soy Yogi y quiero que tú también lo seas.